| Amat: Catando en vertical el ícono de Carrau |
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| 25 de junio de 2009 | |
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El pasado jueves 11 tuvimos el privilegio de sentarnos a la mesa con la familia Carrau y enfrentar un desafío magnífico: La cata vertical del Amat, siendo protagonistas las añadas 1998, 2000, 2002 y 2004. De esta forma, y entre deliciosos y acertados platos, pudimos conocer en profundidad el trabajo que se viene realizando sobre el Tannat en Cerro Chapeu, la impronta de este terroir, y la mágica labor del tiempo. Te invitamos a compartir esta vivencia única. Las verticales consisten en catar distintas añadas, consecutivas o no, del mismo vino. De esta forma, no sólo se puede conocer el perfil de un caldo, sino también del terroir donde nace, de la influencia -en el producto final y en su elaboración- de las condiciones climáticas reinantes, y de paso, comprobar la evolución que va teniendo con el correr de los años. La noche del 11 de junio, fuimos invitados a recorrer el camino del Amat, el Tannat emblemático que, desde 1998, elabora Bodegas Carrau en Rivera. Fue entre los años 1973 y 1975, que con ayuda de la UC Davis (Universidad de California), la familia Carrau realizó un estudio de suelos para encontrar el lugar óptimo para obtener uvas Tannat de alta calidad enológica. Este estudio indicó que la región ideal era en el límite de Rivera con la ciudad brasilera de Santana do Livramento, lo que llevo a que en 1975 se plantara el Cerro Chapeu con los primeros ejemplares de Tannat de selección clonal en llegar al país, provenientes de California y Francia. Las vides crecieron y, vendimia tras vendimia, los Carrau pudieron apreciar cómo esos suelos arenosos, rojizos, profundos y de buen drenaje resultaban en vinos Tannat aromáticos y con taninos presentes pero maduros. En 1997 se construyó la bodega junto a los viñedos, siendo una de las más innovadoras de Sudamérica, por su diseño en armonía con el ambiente, el uso de la gravedad, y su cava dentro del cerro mismo, aportes de Carrau a la enología de mínima intervención. Al año siguiente, se seleccionaron los dos mejores cuadros, uno del clon Nº1 de California, y el otro del clon Nº398 de Francia, elaborándose con sus uvas la primera versión del Amat. El rendimiento por hectárea se trabaja por debajo de los 5000 litros y el vino se fermenta en tanques abiertos, se hunden los orujos por el método tradicional, y una vez en barrica no se trasvasa, criándose sobre sus propias lías y embotellándose sin filtrar. Para su crianza se utilizan barricas de roble francés y americano -según la cosecha- combinando a su vez recipientes de primer y segundo uso. Si bien durante la vertical fueron servidas las cuatro añadas en paralelo, y el orden del relato me llevaría a comenzar por la 1998, la oxigenación necesaria para los vinos con más tiempo de botella es mayor, por lo que iremos del más joven al más viejo. El 2004 fue un año de mucho sol en Cerro Chapeu, pero también fue fresco y muy seco, lo que resultó en taninos muy suaves y maduros. En este vino se destaca no sólo la estructura, que se presenta muy aterciopelada, sino también la rica complejidad aromática, que llevó a que fuera sacado de barricas más tempranamente que los años anteriores (14 meses). Rojo profundo a la vista, presenta una nariz muy intensa con fruta madura, vainilla y chocolate. Su ataque dulce, y sus taninos presentes y sedosos, anticipan un final prolongado y sumamente agradable, e invitan a beberlo ya. El Amat 2002 nació de un año fresco, y con lluvias y sol moderados, que permitió una maduración muy lenta. Esto resultó en un vino de muy buen color y taninos muy maduros pero firmes. Se destaca en este vino una armonía y suavidad de los taninos que se logró luego de 20 meses de barrica. Con el color aún intacto, su nariz concentrada evoca frutas rojas y ciruelas pasas, con el aporte de coco y tabaco fresco típico del roble. En boca se muestra con gran estructura, buena acidez y finos taninos que le dan elegancia y longevidad. Un vino para beber ahora y también para larga crianza en botella. El 2000 fue un año de mucho sol y muy seco. Sin embargo las temperaturas fueron moderadas y favorecieron una lenta maduración del Tannat. Los taninos fueron de gran suavidad y el vino se crió en barrica unos 18 meses. De color sumamente intenso, los ribetes comienzan a mostrar evolución. De nariz más especiada que los anteriores, destaca la piel de naranja, el chocolate y las notas a regaliz. De taninos firmes y buena acidez, está óptimo para consumir ahora, sin dejar de apostar por una evolución hacia mayor complejidad. Con el Amat 1998 en la copa intentamos imaginar como ese año, muy frío y lluvioso en la primera parte de la maduración, terminó dando excelente concentración gracias al raleo y deshoje exhaustivo de las parcelas que permitió realizar una maduración larga. El Tannat de esta cosecha resultó en taninos muy rústicos y buena acidez, por lo que su crianza tuvo que ser de 28 meses en barricas francesas 50% y americanas 50%, para suavizar esta estructura. Se embotellaron 13.372 botellas de 750 ml, 204 magnum y 20 Jeroboam de esta primera cosecha. Manteniendo aún su color, los ribetes empiezan a migrar hacia los tonos teja y se aprecia un mayor grado de turbidez. En nariz sus complejos aromas se hacen desear, pero con el correr de los minutos van apareciendo las mermeladas y los orejones sobre un fondo especiado. En boca el vino mantiene muy buena acidez, con taninos ya domados y un final de gran complejidad y persistencia. Un vino para beber lentamente y disfrutar de su florecimiento en la copa. Recomendados para servir a 18º C junto a todo tipo de carnes, embutidos y quesos fuertes, hicieron buena dupla con cada plato del menú que acompañó a la cata, ideado para la ocasión y ejecutado por Sebastián Barcos: Como aperitivos, sandwichitos de jamón, queso y rúcula; bruschettas con jamón crudo, tomate, albahaca y hongos; tarta caliente de quesos; mini pizza de espinaca y queso de cabra. El primer plato, fue una torre de berenjena, zucchini, zapallitos y tomate secos grillados, sobre tostadas de pan de Tannat, con queso brie por encima y reducción de aceto. El plato principal fue un bife de ternera con puré de choclo y como postre pudimos disfrutar de una mousse de maracuyá con coulis de frutos rojos y chocolate, acompañado por un shot de Vivent Licor de Tannat. Estos vinos no son comparables, cada uno representa una expresión única e irrepetible, y merece su momento de intimidad en la copa, pero este ejercicio sirvió para sacar en limpio una conclusión: En el suelo correcto, con trabajo ordenado en la viña, y una correcta elaboración y crianza, el Tannat uruguayo puede dar vinos expresivos, sumamente aromáticos, carnosos y amables, y de una complejidad impactante. Brindamos por ello! Para conocer más sobre el Amat y otros vinos de Bodegas Carrau, y ver el calendario de actividades que, como ésta, organiza su Centro de Capacitación en Vinos (CCV), podés visitar su página web |
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