
Infaltable entre la lista de compras a la hora de planear un asado entre amigos, y siempre presente en las parrilladas de todo el país, la morcilla puede gustarte o no, pero nunca falta. Por lo particular de su sabor y su textura también se ha ido ganando su lugar en las cartas de los restaurantes de alta gastronomía con preparaciones de platos más elaborados. Es bueno saber lo que comemos, y en este caso no es más que sangre de cerdo coagulada, condimentada y embutida para nuestro deleite.
Según el griego Platón (428 a.C.) la morcilla fue inventada por su compatriota Aftónitas, y hasta aparece una mención en la Odisea de Homero sobre este embutido, que nos da una pauta de su antigüedad. El origen del nombre proviene de la Península Ibérica, y en muchos países tienen sus versiones, cambiando el tamaño, añadiéndoles cereales, vegetales o especias de la región, ahumadas, o secas entre otras, e incluyéndose hasta en el desayuno. Su color oscuro es característico, y su textura pastosa varía de firme a cremosa según su elaboración y método de cocción. Esto se debe a que está compuesta mayormente de trozos de grasa de cerdo y su sangre coagulada y condimentada, todo embutido en tripa del propio animal o de vaca. Comúnmente se las puede apreciar en tamaño grande de entre 10 y 15 cm de largo, o también tipo bombón, saladas o dulces. Las morcillas dulces que encontramos en las carnicerías o mercados están combinadas con maní, nueces, trocitos de cáscara de cítricos, y/o pasas de uva. Se la puede consumir tanto "cruda" como caliente, aunque sin darle demasiado tiempo de fuego ya que se desarma fácilmente. Con el pan se lleva de mil maravillas y es por esto que existe el morcipan. La cocción a la parrilla, y habiéndolas pinchado con anterioridad, facilita la eliminación de gran parte de la grasa, pero eso depende del gusto y los principios de cada cual. Otra forma de consumirla sin ingerir todo su contenido graso es desarmándola, y utilizando la pasta -sin los trozos de grasa- como relleno de diversas preparaciones, tales como pimientos, berenjenas, empanadas, quesadillas, y por qué no, pastas. También pueden sellarse rebanadas en un sartén y darle así una textura crocante, y si te animás, podés incluirlas en guisos o crear salsas con morcilla para pastas o arroces. Más allá de su aporte de grasas, la morcilla es fuente de carbohidratos, proteínas, y minerales como el sodio, potasio, calcio y fósforo. Como todo alimento rico en grasas animales, su ingesta debe ser moderada, pero eso no quita que lo podamos sumar a nuestra dieta como un ingrediente versátil, sabroso y saludable si se lo consume correctamente. Dulce, salada o de las dos? |