| Frambuesas: Tus dientes en su pulpa viviente |
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| 15 de enero de 2010 | |
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El verano avanza y, de a poco, comienzan a verse la bandejas de frambuesas en la frutería, invitándonos a disfrutar de ellas en fresco, y paladear cada una de sus pequeñas celdas de sabor. Su perfume cautiva el alma y nos transporta a un claro de bosque, donde la inquieta mente gastronauta ya teje recetas para incorporar este berry estacional que tantas propiedades beneficiosas aporta a nuestra dieta. El frambueso es una planta de la familia de las Rosáceas que crece particularmente en claros de bosques o prados, en especial donde el fuego o las talas han dejado un espacio abierto para que medre esta colonizadora oportunista. Es de fácil cultivo y tiene tendencia a extenderse a menos que se la mantenga bajo control. Su fruto es la frambuesa, una infrutescencia de forma redonda o cónica formada por muchas drupas o granos rugosos muy próximos y dispuestos en piña. Cada drupa tiene adherida una pelusa de color amarillo oro. La piel es aterciopelada y está cubierta de un fino vello perceptible cuando es degustada. La pulpa, carnosa, jugosa y de sabor agridulce, muy aromática y perfumada, alberga en su interior diminutas semillas que no estorban cuando se consume al natural. Esta fruta del bosque sale durante el verano tardío o el otoño temprano. Existe una gran variedad de frambuesas, desde las rojas tradicionales, a las negras o azules, pasando por las de color amarillo. El hombre ha realizado diferentes cruces entre el frambueso rojo o europeo, proveniente del monte Ida, en Grecia, y las variedades oriundas de América. De estos cruces se han obtenido diferentes variedades para mejorar la producción de fruto, que llega a las dos cosechas anuales. En Uruguay pueden conseguirse frambuesas congeladas durante todo el año, pero cuánto más lindo es esperar la temporada y deleitarse con ejemplares frescos y de productores locales. Frambueslandia es uno de ellos, y para los fanáticos, puede ser visitado dentro del circuito Paseo Ruta 5 Sentidos. Respecto a sus propiedades nutritivas, es una fruta que aporta una cantidad destacable de fibra, que mejora el tránsito intestinal. Constituye una buena fuente de vitamina C, ácido cítrico y ácido elágico, flavonoides y folatos, minerales como el potasio, el magnesio y el calcio. La vitamina C tiene acción antioxidante, al igual que el ácido elágico y los flavonoides (pigmentos vegetales). Dicha vitamina interviene en la formación de colágeno, huesos y dientes, glóbulos rojos y favorece la absorción del hierro de los alimentos y la resistencia a las infecciones. El ácido cítrico, posee una acción desinfectante y potencia la acción de la vitamina C. El ácido fólico interviene en la producción de glóbulos rojos y blancos, en la síntesis de material genético y formación de anticuerpos del sistema inmunológico. El potasio es necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso, para la actividad muscular normal e interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula. El magnesio se relaciona con el funcionamiento de intestino, nervios y músculos, forma parte de huesos y dientes, mejora la inmunidad y posee un suave efecto laxante. En lo que a usos gastronómicos se refiere, se pueden consumir frescas, en licuados, cocktails, mezcladas con yogur o helado, y como ingrediente de crepes, tortas, tartas o muffins. También se emplean en la preparación de jaleas, confituras, compotas, mermeladas y licores. Pero no sólo tienen espacio en el mundo de los postres y dulces, las frambuesas pueden dar un toque distinto a un magret de pato, protagonizar una salsa para carnes de caza o cerdo, y acompañar quesos enmohecidos. Algo importante a saber es que esta fruta no se tiene que lavar con agua antes de consumirla, ya que se impregna rápidamente y pierde toda su consistencia y sabor. Además, hay que almacenarlas secas y en frío, en un envase sin tapa, y en una sola capa para evitar que se estropee su delicada textura. |
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